Joaquín Flórez-Osorio y Teijeiro de Valcarce Ministro del Reino, VI Vizconde

Don Joaquín fue un político ilustrado español que jugó un destacado papel durante la Guerra de la Independencia contra los ejércitos franceses en España a principios del siglo XIX. Rechazó formar parte del gobierno de José Bonaparte y representó a León como ministro en la Junta Suprema Central y Gubernativa del Reino, desde donde contribuyó a reformar y convocar las Cortes de Cádiz, que abordaron la tarea de construir el primer Estado constitucional y moderno de la historia de España.

Infancia

 

Inició sus estudios de leyes en la Universidad de Salamanca y prosiguió su formación en humanidades y cultura general en el Real Seminario de Nobles, de Madrid.

Diputado

 

Entre el 24 de mayo y el 1 de junio de 1808 don Joaquín participó activamente en la creación de las juntas provinciales que constituyeron un poder alternativo al sostenido por los franceses y organizaron ejércitos que comenzaron efectivamente la guerra contra los franceses. En particular, la Junta del Reino de León se constituyó a principios del mes de junio y estuvo presidida por don Antonio Valdés y Fernández Bazán, Capitán General de la Real Armada y Consejero de Estado e integrada por miembros del ayuntamiento de la capital, varias personalidades designadas por miembros de la propia Junta, seis representantes de los vecinos de la capital y ocho del resto de la provincia.

Ministro del Reino

Como la mayoría de las Juntas creadas en esas fechas por iniciativa popular, la Junta del Reino de León fue celosa de su autonomía y chocó con la máxima autoridad militar. Después de la desgraciada derrota contra las veteranas tropas napoleónicas en Medina de Rioseco el 14 de julio de 1808, don Joaquín y don Antonio se retiraron á Ponferrada y convinieron con la Junta de La Coruña en formar una sola corporación en Lugo y mandar reunidas desde allí tropas a Galicia, León y Castilla, con independencia del Capitán General de Castilla la Vieja, don Gregorio de la Cuesta, quien se hallaba al frente de 13.000 hombres. Asimismo, el 3 de agosto propusieron la formación de un Gobierno Central a través de una Junta Soberana compuesta de los presidentes, tres diputados de las Supremas y uno de cada provincia. El 5 de septiembre de 1808, por orden arbitraria, don Gregorio la disolvió y declaró nula é ilegal. Pero don Joaquín y don Antonio lograron que se les nombrase Diputados por la provincia de León para la Suprema Central y Gubernativa del Reino. No obstante, don Gregorio dio orden al General Eguía para que los hiciese arrestar, al pasar por Simancas para ir a su nuevo destino, y los condujese al Alcázar de Segovia, en donde dispuso que el Mariscal de Campo Conde de Cartaojal les formase breve y sumariamente causa dándole para que sirviese de cuerpo de delito las intimaciones que habían hecho a Cuesta para que entregase al Ejercito de Galicia la caballería de su mando. Finalmente, la Junta Central los hizo poner en libertad y mandó publicar en la Gaceta por nulos y atentados los procedimientos del General Cuesta; depuso a este del mando del ejército, haciéndole venir a Aranjuez libremente, por haberse negado á prenderle el Conde de Montijo. Fue este uno de tantos enfrentamientos entre juntas y militares que se produjeron durante ese periodo.

Don Joaquín Flórez-Osorio y Teijeiro de Valcarce y don Antonio Valdés y Fernández Bazán fueron los dos únicos representantes de la provincia designados para formar parte de la Junta Suprema Central gubernativa del Reino.

Don Joaquín y don Antonio fueron encarcelados en el Alcázar de Segovia por orden arbitraria del Capitán General de Castilla la Vieja pero liberados a los pocos días por orden del conde de Floridablanca.

El 25 de septiembre de 1808, don Joaquín fue designado miembro de la Junta Suprema Central Gubernativa del Reino, instituida para corregir el caos gubernativo de las Juntas Provinciales, que hasta este momento funcionaban de una manera independiente, y ejercer los poderes ejecutivos y legislativos españoles durante la ocupación. Don Joaquín fue el representante más liberal al atribuir un carácter revolucionario a la insurrección popular y las Juntas Provinciales: supuesta la inexistencia (o la caducidad) de la vieja Constitución histórica española, la nación se había ganado, mediante la insurrección, el derecho a pactar nuevamente y sin limitaciones su existencia política y social. Este grupo se diferenciaba del grupo más conservador en torno al Conde de Floridablanca, quien entendía la Junta como una especie de Regencia, así como del grupo más centrista en torno a Gaspar de Jovellanos, quien apelaba a la Constitución histórica española para reformar la nación.

Don Joaquín Flórez-Osorio y Teijeiro de Valcarce prestó juramento el 25 de septiembre de 1808 en el Palacio de Aranjuez tras una misa solemne en la capilla real.

La Junta Central recibió rápidamente el reconocimiento de las instituciones oficiales del Estado, entre ellas el Consejo de Castilla, y de las Juntas Locales y Provinciales. Desde diciembre de 1808 a enero de 1810 la Junta Central residió en Sevilla.

A finales de 1808, debido al cariz que tomaron los acontecimientos bélicos, la Junta Central se trasladó al Real Alcázar de Sevilla.

Tras las derrotas en Cabezón y Medina de Rioseco (Castilla La Vieja), Tudela, Mallén y Alagón (Aragón), y Molíns de Rey y Cardedeu (Cataluña), la Junta Central se vió obligada a reorganizar sus fuerzas armadas en los primeros meses de 1809. A don Joaquín se le confirió el 4 de diciembre de 1808 la comisión para reorganizar las tropas en la zona de Talavera de la Reina a Almaraz y enviarles nuevamente a la lucha. En una de sus cartas a Fernando VII de Borbón, el vizconde de Quintanilla de Flórez evoca:

 

« [...] Anoche hemos dormido en Oropesa adonde concurrió bastante tropa de la dispersada y continuará pasando todos los días. Puede contarse al menos con que la mitad vienen sin fusiles y en desorden. Hemos logrado que cesen los excesos que cometían, mediante las disposiciones tomadas pª que se les subministrasen raciones y un socorro pª 4 días en Talavera. Es preciso dar órdenes mui eficaces pª que se acerquen víveres a Almaraz y pueblos inmediatos contando por lo menos con 15 mil hombres que se juntarán en 6 días o antes. En Talavera quedó un Comandante de armas con caballería e infantería pª partidas abanzadas y guerrillas que en todo caso eviten una Sorpresa a aquel vecindario; a medida que lleguen allí las tropas Dispersas saldrán pª Almaraz por partidas capaces de hallar en el tránsito todos los socorros que permitan así los pueblos del Camino directo como los de sus inmediaciones a dcha. e izqª adonde se estenderan. A pesar de haber embiado ordenes a las Justicias y personas especialmente encargadas de saber lo que ocurre en Madrid nada sabemos aún de positivo Sino que es tal la insubordinación que abren los pliegos que ban a la Junta los oficiales y otros individuos que se hallan en el camino Sin duda por Curiosidad. Esto convencerá a V. M. de la necesidad absoluta de organizar las tropas y [....] su obligación dejando pª otra época más oportuna la facilidad de honrar con grados y Distinciones a los que solo buscan en ellos la brillantez exterior de un traje que no les está bien. Dios guarde a V. M. ms. as. Nabalmoral 9 de Diziembre de 1808 a las dos de la tarde. El vizconde de Quintanilla de Flórez».

 

Archivo Histórico Nacional, Sección de Estado, 38, C

 

La correspondencia entre Fernando VII y don Joaquín se encuentra disponible en el Archivo de la Casa Vizcondal.

Su labor al frente de dicha comisión contribuyó en cierta medida a la victoria de las tropas de los ejércitos aliados, España e Inglaterra, contra las tropas del rey José Bonaparte apoyadas por el ejército francés en la batalla de Talavera en las inmediaciones de Talavera de la Reina el 27 y 28 de julio de 1809. Tras una agotadora lucha, sostenido fundamentalmente por el regimiento N45 de Infantería al mando de William Guard el ejército francés es repelido de sus posiciones dejando tras sí numerosas bajas (7.000 en el bando francés, más de 5.000 en el inglés y 1.200 en el español). Por los méritos de la batalla, la Junta Central de Defensa concedió al general Cuesta la Gran Cruz de Carlos III y posteriormente el rey Fernando VII concedió a Sir Arthur Wellesley el título de Vizconde de Talavera de la Reina, con carácter vitalicio y hereditario.

El 31 de agosto de 1809, don Joaquín emitió un dictamen afirmando que «era urgentísimo conceder la libertad de prensa bajo justas condiciones», lo cual fue finalmente reconocido por parte de los legisladores reunidos en las Cortes de Cádiz el 10 de noviembre de 1810.

Se adjunta una versión resumida del dictamen de don Joaquín en relación con el Proyecto de Decreto sobre restablecimiento y convocatoria de Cortes.

 

«Señor: Cumpliendo con la obligación más sagrada que me impone el cargo de representante del Reino de León [...], mi voto sobre […] el Decreto de Constitución es que no se dilate su adopción ni un solo día. [...] Si hubiese alguno entre nosotros que se opusiese a tan prudente medida, bastaría para su desengaño el reflexionar que estamos solemnemente comprometidos con la Nación y con la Europa entera desde el octubre último [...]. De ningún modo debe esperarse a que tiempos más serenos proporcionen la tranquilidad que no es necesaria para ocuparnos en nuestras reformas. Cuando el enemigo hace los más asombrosos esfuerzos para ganarse el afecto de nuestras provincias, es más urgente el oponer una barrera a tales maquinaciones. Y, ¿cuál mejor que hacer ver a los españoles lo que deben prometerse de una sabia Constitución, por la que se clama en toda España, según ya he tenido el honor de decir a Vuestra Majestad? [...] Los españoles han demostrado toda la sensatez y prudencia de que es capaz un gran pueblo, y estas ilustres prendas nos preservan de tal desgracia, mientras cumplamos con nuestros deberes. [...] El intentar hacer original y nueva en el mundo nuestra revolución, privándola de la gran fuerza moral que hizo triunfar a la Suiza, la Holanda y los Estados americanos, es exponerla inminentemente a no tener el glorioso resultado de aquéllas. [...] En una palabra, si queremos que el cúmulo de individuos del Estado se interese de veras en la causa de la Nación, es preciso que vean su interés particular unido con el de un Monarca. Por mi parte, propongo a Vuestra Majestad que el Decreto mencionado se traduzca inmediatamente en todas las lenguas, y que sea remitido a todas las regiones del globo; haciendo los mayores esfuerzos para que circule rápidamente en la parte de España ocupada por los enemigos. [...] La Nación tiene el derecho de exigir que la hablemos sin misterio sobre tan importante objeto; y yo, particularmente, observando con escrupulosidad lo que me indican mis poderes, [...] tengo igual derecho a pedir se haga constar a mi provincia mi opinión; no hallándome con facultades para votar de otro modo, y protesto altamente sobre las fatales consecuencias que de la detención pueden seguirse a la Nación entera y a la Suprema Junta, cuya felicidad está en el día tan íntimamente ligada con la de aquélla. Sevilla, 14 de mayo de 1809. El Vizconde de Quintanilla de Flórez»

 

Tras la derrota el 19 de noviembre de 1809 en la batalla de Ocaña, cerca de Toledo, los generales españoles renuncian a la estrategia de dar grandes batallas. La Junta Central emitió el 1 de enero de 1810 los decretos convocando Cortes extraordinarias, unicamerales y no estamentales, y los correspondientes procesos electorales por sufragio universal masculino indirecto, toda una revolución. El 13 de enero de 1810 anunciaron que se reunirían en la Isla de León con objeto de nombrar un Consejo de Regencia y organizar la apertura de las Cortes acordada finalmente para el mes de marzo. Tras el avance de las tropas francesas en Andalucía y la proclamación de la Junta Provincial de Sevilla como Junta Suprema de la Nación, don Joaquín huyó de Sevilla ante la proximidad de los imperiales, consiguiendo llegar a la Isla de León. Allí colaboró a redactar el reglamento de la Regencia y junto con los otros ministros de la Junta Suprema, resignó el poder y la autoridad que se le había confiado y la trasladó a las manos del Consejo de Regencia el 31 de enero de 1810.

El Vizconde de Quintanilla de Flórez y todos los demás vocales que compusieron la representación nacional en la Junta Central se vieron sometidos a un gran descrédito tras su dimisión. A finales de febrero de 1810, el vizconde de Quintanilla de Flórez, su esposa, su cuñada, tres hijas, dos hijos, dos sobrinos y la correspondiente familia embarcaron en la fragata Cornelia que partía de la bahía de Cádiz en busca del venerable don Pedro de Quevedo y Quintano, Obispo de Orense y presidente del nuevo Consejo de Regencia. Gaspar de Jovellanos y el marqués de Camposagrado habían resuelto solicitar su pasaje en ella de Cádiz hasta Galicia, para tomar desde allí, por tierra, a sus casas de Asturias y Castilla. La Junta de Cádiz, acogiendo los rumores, solicitó de la Regencia, y ésta tuvo la debilidad de acceder, a proceder al más escrupuloso registro de los equipajes de los miembros de la extinta Junta Central que es­taban a bordo de la fragata Cornelia próxima a zarpar. Sufrieron en efec­to aquellos respetables varones que, con más o menos acierto, pero con gran dosis de patriotismo los más, acababan de regir y acaso de salvar la nación española huérfana de sus monarcas, la humillación de ver regis­trados sus equipajes ante el comandante de marina y en presencia de toda la chusma. Avergonzados debieron estar los instigadores y los autores de este ominoso ultraje, puesto que reconocidos sus baúles no se encontró en ellos sino un modesto y escaso capital. En uno del vizconde había 2000 reales y en una petaca varias piezas de plata antigua; en otro de doña Antonia Coca, su hermana política, varias piezas de una vajilla antigua.

 

«Sr. Redactor: Entretanto que la falta de viento favorable nos detiene en esta bahía, los rumores que corren [...] contra los individuos que compusieron la pasada Junta Central llegan aquí para hacernos más penosa nuestra situación. Pudiéramos despreciar las imputaciones, o por vagas, pues que no determinan cargos ni señalan delincuentes, o por inverosímiles, porque son indignas de toda creencia o asenso racional; pero nuestra delicadeza no nos permite callar en medio de tantas y tan indiscretas hablillas.....; y si entre los ruines calumniadores o detractores alucinados de la Junta Central hay alguno que se atreva a censurar la conducta pública de los dos individuos que hemos venido a por representación del Principado de Asturias, desde luego le desafiamos y provocamos por medio de este escrito a que declare los cargos que pretendiere hacernos. [....] Tenga, pues, la bondad de insertar esta carta por suplemento a su Diario, y seguro de nuestro reconocimiento, sírvase de mandarnos como a sus más atentos servidores q. b. a. m. Bahía de Cádiz, a bordo de la fragata Cornelia 20 de Febrero de 1810.- Gaspar de Jovellanos.- El Marqués de Campo-Sagrado»

 

Al llegar al Ferrol, no bien tomaron tierra en el Seijo, cuando hallaron sobre sí una comisión militar, enviada por la Junta de La Coruña para detenerlos, so pretexto de seguridad, y trasladarlos al castillo de San Felipe. Dirigieron éstos sus quejas a la Junta de Galicia, la cual acordó luego su libertad.