Don José Antonio Flórez-Osorio y Velasco

Obispo José Antonio Flórez-Osorio y Velasco (1733), óleo sobre lienzo, Salón Clemente de Aróstegui, Seminario de San Julián, Cuenca

 

 

 

 

 

 

 

Hombre sabio y piadoso que desde su infancia cultivo las letras

 

Gran prelado, ejemplar, perspicaz, laborioso, diestrísimo en el gobierno, prudente, caritativo y justificado

 

Deseoso de impulsar obras de caridad, parco consigo para ser pródigo con los pobres y las iglesias

Infancia

 

Este gran prelado nació en la villa de Ponferrada, perteneciente al obispado de Astorga y provincia de El Bierzo en el reino de León. Hijo de Don Diego Flórez-Osorio, hijo del Vizconde de Quintanilla de Flórez, y de Doña Josefa de Velasco y Quiñones. Fue bautizado en la Basílica de La Encina en Ponferrada el 21 de marzo de 1674.

Vida académica

Principió sus estudios de jurisprudencia canónica en la Universidad de Valladolid a la edad de once años, siendo sobrino de don Diego de la Cueva y Aldana, del que llegaría a ser provisor y vicario general hasta 1707. En 1707 y 1708 fue becario colegial en el Mayor de San Salvador de Oviedo, en la Universidad de Salamanca. En 1709 obtuvo por oposición la canonjía doctoral en la Universidad de Valladolid, donde en 1711 comenzó a regentar las cátedras de leyes y de cánones.

Cargos en la Corte

 

Dada la gran estima que Felipe V le profesaba, le nombró miembro del Consejo de Su Majestad en 1728.

Vida pastoral

 

Pontificado en Orihuela (1728-1737)

 

El 28 de agosto de 1727 fue electo obispo de Orihuela. Pasó la gracia el Papa Benedicto XIII el 22 de diciembre y fue consagrado en Astorga el 15 de abril de 1728. En Orihuela tuvo graves disgustos que le impelieron pasar a Sevilla, donde el rey don Felipe V se hallaba. Con solo el rey decir que “el obispo de Orihuela es un gran prelado” basto esta demostración a calmar y deshacer la persecución que se le hacía.

 

Pontificado en Cuenca (1739-1759)

 

El 30 de noviembre de 1737 fue promovido al obispado de Cuenca, del que tomo posesión por su apoderado Don Manuel Meruelo y Murga, arcediano titular de esta santa iglesia, el 22 de abril de 1738, y entro en Cuenca el 3 de mayo de dicho ano. El 11 de octubre pidió permiso a Felipe V para renunciar al obispado y su Majestad le respondió que no se lo permitía por lo satisfecho que estaba de su gobierno y conducta.

 

En Cuenca, impulsó la obra de su predecesor el Obispo Zapata e hizo nuevas constituciones para su gobierno.

 

Dadas las limitaciones de la Casa del Magistral, que había comprado el señor don Andrés Pacheco y a la que el señor Pimentel llevó los colegiales, el Obispo Florez-Osorio, dispuso la construcción a sus expensas de un nuevo seminario conciliar en un punto mas céntrico, que puso bajo la advocación de San Julián, el Seminario Conciliar de San Julián. Eligió el barrio del Alcazar y las casas del Marqués de Valverde y formó el sólido, espacioso y ventilado Seminario actual. Le agregó cuatro prestameras, una en la parroquial de San Clemente, otra de las de Tebar y el Picazo, otra de Canaveras y otra de las Pedroneras; pero acudiendo a Roma, únicamente logró por el momento que Su Santidad, por bula de 31 de julio de 1745, uniese al seminario las de Canaveras y Pedroneras; después de consiguió la unión de las demás y de otras de las parroquiales de Iniestas, La Parrilla, Albendea, Valdeolivas, Buenache, Villar de Canas, Alconchel, Montalvanejo y Olivares. El obispo dejó por heredero en virtud de facultad que impetro y consiguió de Su Santidad Clemente XII, despachada el 2 de febrero de 1740, y de permiso de su S.M. el Rey. Aumentadas cátedras de filosofía y teología, pasaron los colegiales a cursar en 1746.

 

Asimismo, construyo de nuevo la fábrica del coro de la Catedral y costeo a sus expensas la cajonería de la sacristía y retablo de su testero; las rejas laterales de la capilla mayor; los frontales de plata que se ponen en las principales solemnidades y contribuyó a parte del coste del transparente.

 

Reedificó las parroquias de San Pedro y San Gil desde los cimientos y ayudó a reedificar otras muchas en el Obispado, surtiendo de ornamentos y de vasos sagrados a las que eran pobres.

Obras de caridad

 

Las limosnas que dio a enfermos y necesitados, a comunidades religiosas y dotes para monjas, al cabildo de Santa Catalina y a pueblos que sufrían desgracias, fueron infinitas.

 

Para que se forme un cálculo de lo que su caridad generosa daría en oculto, que fue mucho, designaremos algunas de sus liberalidades publicas. Al seminario de San Julián, entre la fabrica del edificio y herencia dio cerca de un millón de reales; al cabildo de Santa Catalina, diez mil ducados, en las obras de la Catedral gastó mas de quinientos sesenta y nueve mil reales; en limosnas a los pueblos, cincuenta y nueve mil fanegas de trigo; y en limosnas a hospitales, dotes religiosas, reparos de iglesias, ornamentos y vasos sagrados, vestidos a pobres y otros objetos, según relación de su mayordomía, paso, excluyendo lo antes referido, de tres millones seiscientos y cincuenta y cuatro mil reales

Su muerte, acaecida el 26 de noviembre de 1759, día de los desposorios de Nuestra Señora, al tiempo que era elevada la hostia santísima en la misa mayor, sumió a Cuenca y su diócesis en la amargura y desconsuelo. Esta sepultado en medio del coro nuevo delante del facistol.