Don Gabriel Flórez-Osorio y Quiñones

Retrato de Felipe IV, por Diego Velázquez (1628), óleo sobre lienzo, Museo del Prado, Madrid

 

Don Gabriel Flórez-Osorio y Quiñones fue designado por el rey Felipe IV Regidor Perpetuo de la ciudad de León y Procurador General del Adelantamiento de León, con nombre y título de Defensor del Reino de León. Como cualquier otro regidor perpetuo en la Edad Media y durante el Antiguo Régimen, incluido su tío don Ramiro de Quiñones, caballero de la Orden de Santiago y, como él, Regidor Perpetuo de la ciudad de León, a él correspondía el ejercicio del gobierno del municipio así como el nombramiento de sus magistrados y oficiales. Como Procurador General, cuyo nombramiento fue dado por decision real en Madrid a 2 de febrero de 1640 y se consumió el 17 de abril de 1646, la misión principal de don Gabriel era prestar defensa y ayuda a los pobres y a los lugares que lo solicitasen en sus causas civiles y criminales. Se le facultaba asimismo para nombrar un alguacil o dos para que le ayudasen en su tarea, cobrar cuatro reales al año de cada villa o lugar del Adelantamiento y gozar de ciertas prerrogativas y honores, como asistir a la Audiencia con gorra y espada, ocupando silla de brazos bajo el dosel, a la izquierda del Alcalde Mayor.

Armas del Reino de León, Cortesía de Sarah Aller, El Mundo

Tras la supresión en 1646 del oficio de Procurador General del Adelantamiento ocupado por don Gabriel Flórez-Osorio y Quiñones, el Ayuntamiento de la ciudad de León suplicó a Felipe IV se le hiciese merced del mismo, a lo cual el monarca finalmente accedió en 1659.

 

Además de la Villa de Quintanilla de Flórez, don Gabriel era también Señor de los lugares de Cobrana, Congosto, Fontoria, Fresnedo, Losada, Primou y Sésamo, muchos de ellos situados en El Bierzo, así como de las Villas de Puente de Órbigo y de Santa Marina del Rey. En este último término, don Gabriel poseía un molino harinero de dos ruedas y una casona en el casco histórico de la Villa, situada en La Manidica en la plazuela de los bueyes, que en 1647 recibió en herencia de su tíos don Pedro Álvarez Osorio, Señor de las cinco Villas de Las Regueras, y doña María del Carmen Ronquillo y Villegas Briceno, nieta de don Pedro Ximénez del Castillo, secretario del Emperador Carlos V.

   

Don Gabriel Flórez-Osorio y Quiñones era también Señor y Escribano de la Villa de Santa Marina del Rey.

  

Casó con doña Catalina Osorio de Escobar y Robles, también llamada Escobar y Osorio, hija de Don Francisco Osorio de Escobar, familiar del Santo Oficio y Alcalde de la Santa Hermandad por el estado noble de León, natural de Rizzoli, en el Reino de Nápoles. El matrimonio tuvo seis hijos: Francisco Luis, Josefa, Juan, Diego, Álvaro y Pedro. 

 

Tras el fallecimiento de don Gabriel y su esposa doña Catalina, casada en segundas nupcias tras su viudedaz con don Francisco de Villamizar y Zúñiga, el Señorío de Santa Marina del Rey fue adjudicado a su biznieta doña Andrea María Tebes Villamizar Tobar y Osorio, Marquesa de Valverde de la Sierra y Señora de la Tierra de la Reina de Villamartín de don Sancho, al ser ésta descendiente del mayor de los hijos habidos por doña Catalina en su segundo matrimonio. Doña Andrea había estado casada con don Antonio de Samaro y Urbina, Marqués de Villabenezar, del que había quedado viuda en 1747 y era vecina de la ciudad de León, habiéndole dejado dos hijos, don Isidoro, que fue su heredero y don Diego, Capitán, quien murió en 1751 en Cuba sin dejar descendencia legítima. A partir de esa toma de posesión el señorío pasó a propiedad de los Marquesa de Valverde de la Sierra, a cuya rama familiar ha pertenecido hasta nuestros días.